¿Por qué los coches son tan caros?

Ilustración de una fábrica de automóviles con un SEAT León, microchips, materias primas e infraestructuras energéticas que representan los factores que explican por qué los coches son tan caros.

La energía, los microchips y las materias primas explican buena parte del encarecimiento de los vehículos.

¿Por qué los coches son tan caros? Si durante los últimos años has entrado en un concesionario, probablemente también te hayas hecho esta pregunta. Hace apenas una década, modelos como el SEAT León costaban bastante menos que hoy. Pero, ¿qué ha cambiado realmente?

Hay una forma muy sencilla de comprobar cómo ha cambiado el mercado del automóvil.

Piensa en un SEAT León.

Hace una década era uno de los compactos de referencia para muchas familias. Hoy sigue siendo un modelo muy popular, pero basta con entrar en el configurador y seleccionar una versión razonablemente equipada para comprobar que el presupuesto necesario ha aumentado de forma considerable.

Miras el precio.

Cierras la pestaña.

Respiras.

Y te preguntas si el coche incluye también una plaza de aparcamiento.

La sensación de que los coches son mucho más caros no es solo una percepción. Durante los últimos años han coincidido diversos factores que han aumentado el coste de fabricarlos y han reducido los descuentos que antes eran habituales.

¿Es culpa de los coches eléctricos?

¿De la normativa europea?

¿De los microchips?

¿De las materias primas?

¿O, como suele ocurrir cuando algo se encarece, es culpa de la energía?

Entender por qué los coches son tan caros implica mirar mucho más allá del concesionario. Hay que analizar qué ocurre en las fábricas, en el mercado energético y en toda la cadena de suministro.

La respuesta es que todos estos factores han contribuido.

Pero no todos tienen la misma responsabilidad.

El primer sospechoso: la energía

Cuando algo sube de precio, es habitual escuchar la misma frase:

«Seguro que es culpa de la luz.»

En este caso, la respuesta es sí, pero solo en parte.

Fabricar un coche consume mucha energía. No solo en la planta donde se monta el vehículo, sino también en todas las empresas que producen los materiales y componentes que llegan hasta ella.

Antes de que un coche exista, hay que fabricar:

  • Acero.
  • Aluminio.
  • Vidrio.
  • Plásticos.
  • Neumáticos.
  • Componentes electrónicos.
  • Pinturas.
  • Baterías.

Todos estos procesos necesitan electricidad, gas natural, calor industrial o combustibles.

El acero, por ejemplo, requiere temperaturas muy elevadas. El aluminio necesita grandes cantidades de electricidad. El vidrio se produce en hornos que funcionan de forma continua, mientras que muchos plásticos proceden de derivados del petróleo.

Cuando el gas y la electricidad se encarecieron, todas estas industrias comenzaron a producir más caro.

Y ese aumento fue trasladándose de un proveedor al siguiente hasta llegar al comprador final.

Es el efecto dominó de la energía.

  • La fábrica paga más.
  • El productor de acero paga más.
  • El fabricante de vidrio paga más.
  • El transportista paga más combustible.

Ninguna de estas empresas incrementa por sí sola el precio del coche en miles de euros. Pero cuando cientos de proveedores aumentan ligeramente sus costes, el resultado final sí acaba notándose.

Para entender mejor cómo se forma el precio de la electricidad y por qué termina repercutiendo en toda la economía, puedes consultar Cómo funciona el mercado eléctrico.

Importante

La energía no explica toda la subida del precio de los coches, pero es una de las pocas variables que aparece en casi todas las fases de producción.

Los microchips que pusieron de rodillas a la industria

Antes de 2020, los semiconductores apenas formaban parte de las conversaciones cotidianas.

Hoy sabemos que una pieza diminuta puede llegar a paralizar una fábrica entera.

Un coche moderno incorpora más de un millar de microchips. Controlan el motor, los frenos, los airbags, las pantallas, los sensores, la climatización y buena parte de los sistemas de asistencia a la conducción.

Durante la pandemia, los fabricantes de automóviles redujeron sus pedidos porque preveían vender menos vehículos.

Al mismo tiempo, millones de personas compraban ordenadores, tabletas y consolas para trabajar, estudiar o entretenerse desde casa.

Los fabricantes de semiconductores destinaron su capacidad de producción a esos sectores.

Cuando la demanda de coches se recuperó, los microchips ya tenían otro destino.

El resultado fue insólito.

Había fábricas preparadas para fabricar cientos de vehículos al día, pero faltaba una pieza electrónica que podía costar menos que llenar el depósito.

Es un poco como preparar una cena para treinta personas y descubrir, cuando todo el mundo ya está sentado a la mesa, que nadie ha comprado el pan.

Sin esa pieza, el vehículo no podía terminarse.

Además, cuando había menos coches disponibles, también desaparecieron muchos de los descuentos comerciales que antes eran habituales.

El precio oficial empezó a parecerse mucho más al precio que finalmente pagaba el comprador.

Error frecuente

No todo el encarecimiento proviene del aumento de los costes de fabricación. Una parte también se explica por la desaparición de promociones y descuentos.

Ilustración del coste de fabricación de un coche con una fábrica de automóviles, microchips, materias primas, transporte, energía y un vehículo representando la cadena de suministro de la industria del automóvil.

Los coches actuales también son muy diferentes

Cuando comparamos el precio de un vehículo actual con el de un modelo de hace diez años, a menudo olvidamos que no estamos comparando exactamente el mismo producto.

Los coches actuales incorporan mucha más tecnología:

  • Frenada automática de emergencia.
  • Detector de fatiga.
  • Asistente de mantenimiento de carril.
  • Cámaras.
  • Sensores de aparcamiento.
  • Pantallas digitales.
  • Conectividad.
  • Actualizaciones de software.

Parte de este equipamiento responde a las preferencias de los consumidores. Otra parte es necesaria para cumplir las normativas europeas de seguridad y emisiones.

Cada nueva función necesita sensores, procesadores, cableado, software, pruebas y homologaciones.

Todo eso tiene un coste.

La buena noticia es que los vehículos actuales son más seguros, más eficientes y más avanzados.

La menos buena es que también son más caros de fabricar.

Es una situación parecida a la de los teléfonos móviles.

Un teléfono actual sigue sirviendo para llamar, pero compararlo con un modelo de hace quince años tiene poco sentido.

Con los coches ocurre exactamente lo mismo.

Las materias primas y las baterías también han subido

A la energía y a los microchips se les sumó otro problema: el encarecimiento de las materias primas.

Durante los años posteriores a la pandemia aumentaron los precios de materiales como:

  • El acero.
  • El aluminio.
  • El cobre.
  • El litio.
  • El níquel.
  • Algunos plásticos.

Este incremento afectó a toda la industria, pero fue especialmente visible en los vehículos híbridos y eléctricos.

Las baterías necesitan materiales como el litio, el níquel, el grafito o el cobre. Cuando estas materias primas suben de precio, el coste de la batería también aumenta.

Algunos precios se han moderado posteriormente, pero eso no significa que los vehículos vuelvan automáticamente a los precios de antes.

Los fabricantes también han tenido que asumir inversiones en nuevas plataformas, software, sistemas de seguridad, adaptaciones industriales y desarrollo de nuevos modelos.

El origen de la electricidad también ha adquirido más importancia con la electrificación. En este contexto, puede ser útil entender por qué optar por energía 100 % verde y qué implicaciones tiene para empresas y consumidores.

No hay un único culpable

El encarecimiento de los coches es el resultado de varias causas que coincidieron en muy poco tiempo.

¿Por qué son más caros los coches?Impacto
Más tecnología y seguridadMuy alto
Escasez de microchipsAlto
Materias primas y bateríasAlto
Incremento del coste de la energíaMedio
Logística y transporteMedio
Fiscalidad y homologacionesBajo o medio

La energía no es la principal responsable.

Pero sí es el hilo invisible que aparece detrás de muchas de las demás causas.

Cuando aumenta el precio de la electricidad o del gas, fabricar acero es más caro.

También lo es producir aluminio.

Vidrio.

Componentes electrónicos.

Baterías.

Y transportar todas esas piezas.

Por eso, aunque la energía solo explique una parte del encarecimiento, su efecto se repite una y otra vez a lo largo de toda la cadena de producción.

La gran lección

Cuando pensamos en energía, casi siempre pensamos en la factura de la luz.

Es normal.

Es la parte que vemos.

Pero la energía es mucho más que eso.

Está dentro del acero del chasis.

Del aluminio de las puertas.

Del parabrisas.

De los microchips.

De la batería.

Y también del camión que transporta todas esas piezas hasta la fábrica.

En definitiva, la energía no solo mueve los coches. También ayuda a determinar cuánto cuestan.

Ahora que ya sabes por qué los coches son tan caros, es más fácil entender que el precio final no depende de un único factor, sino de la suma de muchos costes que afectan a toda la cadena de producción.

Esta realidad no afecta solo a la automoción. También se aplica a una lavadora, una ventana, una máquina industrial o cualquier otro producto que necesite ser fabricado y transportado.

Por eso, entender el mercado energético es mucho más útil de lo que parece.

Si quieres seguir resolviendo dudas sobre facturas, tarifas y contratos, puedes consultar Conocimiento energético.

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